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Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas.

Desde que el tiempo es tiempo, los seres humanos han buscado la felicidad y vivir en un estado positivo. Muchos de nosotros creemos haber encontrado eso que venimos buscando desde siempre, pero cuando miramos a nuestro alrededor y vemos tanta tristeza, tanto odio y tanto desprecio por el ser humano; nos damos cuenta de que no hemos logrado alcanzar nuestro objetivo.

El problema, es que a veces tenemos la certeza de ser felices, cuando en realidad la felicidad sólo se trata de momentos felices que vamos atesorando y el resto del tiempo, simplemente tratamos de adaptarnos a las situaciones, a las circunstancias y a las personas que nos rodean.

Esto nos hace llegar rápidamente a la conclusión de que para alcanzar la felicidad o al menos vivir en un estado positivo, debemos poder dejar de lado hábitos e incluso personas. La felicidad ya está en nosotros, sólo debemos despejar el camino de todos los obstáculos que nosotros mismos ponemos, para que así, pueda avanzar.

Tener confianza en uno mismo, no necesitar la aprobación de otros, aceptar nuestros defectos, amar nuestro cuerpo… Todo esto parecen utopías, pero pueden ser hechos concretos y realizables si nos atrevemos a “soltar” todo eso que nos tiene atrapados y que con una fuerza increíble nos tira hacia abajo y no nos deja surgir.

En primer lugar, debemos saber que en la vida debemos establecer listas de prioridades. Es importante hacer una selección drástica de las cosas por las que realmente debemos preocuparnos, y de las que debemos dejar ir. Hagamos una lista rápida de las cosas más comunes con las que debemos enfrentarnos para alcanzar la felicidad.

1) Vivir en función de los demás.

Muchas personas viven una vida que no les pertenece. Y decimos que no les pertenece, porque literalmente entregan su vida a otros. Basan su existencia en lo que otros piensan, en lo que otros deciden, lo que otros dicen… Se preocupan por contentar a todo el mundo y de esta manera, pierden el control de su propia vida. Olvidan qué es lo que los hace felices y cuáles son sus propias necesidades.

Recordemos que sólo tenemos una vida para vivir. ¡No hay otra! No permitamos que la opinión de otros (a veces malintencionada), nos saque de nuestro camino.

2) Querer controlarlo todo.

Sé que muchas veces no puedes evitarlo, y lo sé porque también me ha pasado. ¿A quién no? Pero aceptar que existe lo imprevisible, lo inestable e incluso la impotencia de poder actuar, nos hará la vida más fácil.

Querer controlarlo todo está muy ligado los miedos, a la falta de confianza en uno mismo y a nuestra capacidad para controlar todo lo que va surgiendo. Una vez que hemos superado estas inseguridades y nos hacemos fuertes mentalmente, podremos vivir sin estar pendiente de todo.

3) Ser perfectos.

La intención de querer ser perfectos es el principal indicio de que vamos a vivir una vida sumamente estresada. ¡No pierdas el tiempo queriendo alcanzar la perfección! Aunque nos repetimos hasta el cansancio que nadie puede ser perfecto, de una cierta manera igual queremos lograr eso.

No sentirse satisfecho con el trabajo hecho, con nuestro rol de esposa o de madre, es un indicio de querer buscar la perfección.

La vida es crecimiento y cambio, mientras que la perfección es un estado sin emociones, porque ya no se puede superar.

4) Darles poder a otros sobre ti.

¿Cuántas veces te sentiste mal durante todo el día porque alguien te había ignorado o te había criticado? Esto es darle poder a los demás sobre ti mismo y es dejar que otros tomen el control sobre tus sentimientos.

¡Toma el poder y define tú mismo como sentirte! ¡No permitas que otros lo hagan por ti!

5) Vivir en el pasado.

Sí… Sabemos que esto muy difícil. Dejar el pasado en el pasado, nos parece imposible. Pero lo cierto es que todas las razones que busquemos para volver al pasado, son inútiles; porque nada de eso puede cambiarse. Cuanto más nos bloqueamos en el pasado, menos podemos vivir el instante único que se está desarrollando en este momento.

6) Soltar a las personas tóxicas.

Difícilmente las personas tóxicas que encontramos eventualmente en una fiesta nos afecten, porque las verdaderas personas tóxicas que nos dañan están en nuestro entorno más estrecho: padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, compañeros de estudio… Claro que es difícil cortar todo tipo de vínculo con estas personas, pero sí debemos tener el coraje de alejarnos emocionalmente de sus comentarios malintencionados o hirientes.

7) Vivir en el rencor.

La ira y el enojo son emociones traicioneras que nos hacen sentir en un primer momento que hemos hecho justicia o que nos estamos protegiendo de nuestra vulnerabilidad. La verdad, es que vivir amargados o con rencor, nos carcome desde adentro y nos cierra las puertas a nuevas y buenas oportunidades.

Perdonar, ser tolerante y aprender a comprender es el mejor remedio contra quienes nos ofenden.

8) La autoexigencia.

En el punto anterior hablamos del rencor hacia otros, pero también debemos centrarnos en el rencor hacia nosotros mismos. Maltratarnos después de haber cometido un error, nos hace entrar en un círculo vicioso de odio, dolor y pena. Cambiar nuestro punto de vista sobre los errores cometidos, reduce la ansiedad y nos hace ver que equivocarnos puede ser una forma de aprender y de crecer.

Sabemos que luchar contra la culpa no es fácil. La sensación de fracaso y de confusión puede invadirnos, pero debemos aprender a ser más tolerantes con nosotros mismos.

9) Querer tener razón.

¿No te parece agotador esforzarte tanto para defender con vehemencia algo que consideras la verdad? Esta necesidad de querer convencer a otros no nos lleva a ninguna parte.

Aquí es donde debemos poner en práctica la humildad y pensar que por un lado, no siempre tenemos razón y por el otro, no todo el mundo está dispuesto a dejarse convencer. ¡No gastes energía en esto!

10) Renunciar al ego.

El ego puede tener en cierta medida, un costado positivo; pero cuando necesitamos protegernos permanentemente, ponernos a la defensiva y alterarnos cada vez que nos sentimos criticados; entonces el ego está jugando en nuestra contra.

Cuando nos dejamos controlar por este sentimiento, sufrimos porque la naturaleza del ego es precisamente esa: pretender hacernos sentir más grandes y mejores que otros, algo que nunca nos podrá hacer felices.

Sabemos que la receta de la felicidad perfecta no existe. Si no, estaríamos cayendo precisamente en uno de los errores que intentamos explicar aquí: el de la perfección. Simplemente, queremos acercarnos todo lo posible a la sensación de libertad, de vivir a pleno y de despojarnos de ese peso que no nos deja surgir y del que hablábamos al principio.

Ignorar muchas cosas o personas con las que convivimos a diario, puede parecer una tarea imposible. Pero nadie está diciendo que tenemos que hacer todo esto junto y al mismo tiempo. Probemos con una cosa y tratemos de sostenerla en el tiempo y luego con otra, y con otra, y con otra… Hasta que hayamos alcanzado el convencimiento absoluto de que nosotros somos los artífices de nuestra propia felicidad.

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